Actualidad Algunos rasgos de San Antonio

¿Cómo era San Antonio?

Es difícil describir su retrato físico por carencia de detalles. Dada la popularidad alcanzada por san Antonio, no hemos de extrañar que la gente llegara a idealizarlo. Así es como se creó esa imagen de un fraile gentil y delicado, de rostro juvenil. Pero la biografía que se escribió para su canonización, conocida con el nombre de Legenda Asidua, describe a san Antonio  como “corpulento y pesado”. También se deduce de las primeras biografías  que su rostro era ovalado, muy expresivo, y con una voz potente y  clara, que se hacía oír de miles de personas al aire libre.

Rasgos de su carácter

Todos su biógrafos convienen en afirmar que inspiraba honda simpatía, sencillo y afable en el trato con todos, cercano a la gente y muy ameno en la conversación. Culto, elocuente y popular;  hombre que sin pretenderlo, se hacía oír, admirar y querer de todos, sin distinción de clases.

Retrato espiritual.

De su retrato moral y espiritual tenemos todos los detalles que se desprenden  de la santidad de su vida: amor a Dios y a los hombres, oración extática, celo apostólico por la salvación de los hombres, y como buen franciscano, humilde, pobre, amante de la paz y enamorado de Cristo Crucificado.

Sirva como final de esta breve descripción  el brillante testimonio de San Buenaventura que afirma en unos de sus sermones: En la diadema de san Antonio resplandece el conjunto de todas las perfecciones y de todas las gracias de los elegidos. Tiene este Santo la ciencia de los Ángeles, las celestes inspiraciones de los Profetas, el celo de los Apóstoles, la austeridad de los Confesores, el heroísmo de los Mártires, la pureza de las vírgenes”...                                                                                      

Amor de San Antonio del Niño Jesús.

Dentro del ambiente de las fiestas navideñas se recuerda y celebra  “el dulce nombre de Jesús”. 
Es una fiesta muy franciscana y fue uno de los grandes amores de nuestro Santo.

San Antonio quedaba extasiado de gozo al contemplar la pequeñez del Niño nacido en la cueva de Belén. En sus sermones dejó escrito y comunicó a las gentes el inmenso amor que sentía por Jesús con algunas de estas frases:

- “Dios se ha hecho pequeño por nosotros, nos ha nacido hoy”  (S. 1869)

- “Le pusieron por nombre Jesús. Nombre dulce, nombre delicioso, nombre que alienta al pecador. Es júbilo en el corazón, melodía en el oído, miel en la boca” (S 1953)

- “Jesús es el Salvador. Este es el hombre que con su poder salvó a su pueblo”. (S 1579)

 San Antonio considera la Encarnación del Hijo de Dios como un abajamiento, como un abismo de caridad y humildad por parte de Dios, que pide de nosotros actitudes de pobreza y humildad. Jesús se hizo siervo. No vino para ser servido sino para servir y dar la vida por todos.

Comencemos el nuevo año con esos deseos de ser los servidores de una humanidad que sufre. Como decía la Madre Teresa de Calcuta: No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz”.

San Antonio con el Niño Jesús.

Tres son los atributos principales con los que la iconografía representa a san Antonio de Padua: un lirio blanco, un libro y el niño Jesús en sus brazos.

El lirio blanco simboliza su pureza virginal. En sus tiernos años, ante el altar de la Virgen, se consagró a Dios y mantuvo durante toda su vida dicha pureza.

La Sagrada Escritura es el fundamento de los sermones del paduano. A este saber bíblico se une su conocimiento teológico, su ciencia, que quedan simbolizados en el libro con el que se le representa. Dicho saber llevó en 1946 al papa Pío XII a proclamarlo Doctor evangélico de la Iglesia.

El tercero de los atributos es el más significativo, pues pocos santos hay en la Iglesia a los que se les represente con el Niño Jesús en los brazos. La idea tiene su origen en el Liber miracolorum (c. 1367), integrado en la Crónica de los XXIV Generales. Este libro (22, 1-8) incluye dentro de los milagros realizados por san Antonio tanto en vida como después de su muerte la visión del niño Jesús por parte del santo.

Este es el relato correspondiente a los biógrafos italianos. En mayo de 1231, después de haber predicado su última Cuaresma en Padua –moría el 13 de junio de dicho año- se traslada a Verona y de aquí al castillo de Camposampiero del conde Tisso, donde moraba una comunidad de religiosos franciscanos. En el bosque que circundaba el castillo, al lado de un gigantesco nogal, el santo se hizo construir una pequeña cabaña, donde moraba la mayor parte del día y la noche dedicado a la meditación y a la oración. Aquí fue donde tuvo lugar la visión del niño Jesús. El conde Tisso, que visitaba y espiaba con frecuencia a su célebre huésped, presenció cómo el santo tenía delante, entre sus brazos, al niño Jesús. El santo prohibió al conde que lo divulgara hasta que él hubiera muerto. Conocido este relato, a finales del siglo XV comenzó a representarse a san Antonio con el niño Jesús en los brazos, como aparece en la mayoría de las esculturas que se pueden contemplar en iglesias y museos.

La humildad de San Antonio.

La Iglesia coloca a los santos en los altares, no sólo para que les pidamos favores, sino principalmente para que les imitemos en su forma de vida. Todas las virtudes brillan en san Antonio con inmenso esplendor, pero hoy quiero destacar la humildad de este santo franciscano. Ya sabemos que esta virtud es muy poco valorada en nuestro mundo, que busca primordialmente figurar, tener éxito, ser aplaudidos por todos.  

Sin duda que en más de una ocasión San Antonio escuchó y meditó aquellas palabras de Jesús de Nazaret cuando dice en el evangelio: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. (Mt 11, 29) Como buen hijo de san Francisco de Asís, se esforzó por vivir con ese espíritu, siguiendo las huellas de pobreza  y humildad de nuestro Señor Jesucristo”.

Leyendo despacio las páginas de los sermones de San Antonio, es fácil comprender la gran estima que tenía el Santo a esta virtud. Recordemos algunas de sus frases:

- "La humildad es como el “fundamento de todas las virtudes” (S 53)

- “La religión no puede fructificar, cuando le falta la raíz de la humildad” (S 53)

- "La humildad brota del “conocimiento de la propia pequeñez” (S 465)

La humildad surge de la reflexión sobre sí mismo, sobre lo que es, un ser débil y frágil. El conocimiento de sí mismo es ya el comienzo de la humildad. Es todo un camino espiritual que hay que recorrer, una escala para subir a Dios, que es Jesucristo”. (S 141)

El pobre y humilde Francisco de Asís decía: Bienaventurado aquel que, contra su voluntad es alabado, cuando desea estar a los pies de los otros”.

Espíritu misionero de San Antonio.

Según todos los biógrafos, la razón que impulsó a San Antonio a ingresar en la Orden Franciscana fue el martirio de los cinco discípulos de Francisco de Asís y su deseo de anunciar el evangelio a los musulmanes hasta dar su vida por Cristo. Esta autorización la consiguió pronto de sus superiores, y en el otoño de 1220, se embarcó, acompañado del hermano Felipe, hacia el país de los sarracenos, Marruecos.

Se ignora el lugar exacto al que se dirigió, mas sabemos con certeza que no pudo cumplir la misión de sus sueños. Una enfermedad le impidió predicar el evangelio, obligándole a volver a su país natal. Pero durante la travesía, una tempestad empujó la embarcación hacia las costas de Sicilia. Era el mes de marzo de 1221. San Antonio en tierras italianas, en compañía de otros muchos hermanos franciscanos, comenzó una vida nueva

Una de sus actividades apostólicas más arriesgadas la realizó en el sur de Francia, intentando frenar la herejía de cátaros y albigenses, cuyos errores anticatólicos dividían al pueblo cristiano. Antonio logró con su convincente elocuencia numerosas conversiones. En uno de sus sermones instruía a los cristianos sobre las cualidades del buen predicador con estos consejos:

- “Los predicadores son los pies de Cristo. Ellos le llevan por todo el mundo”.

"Deben ser sumamente humildes".

"El testimonio de su vida debe ser su arma de persuasión".

Este rasgo de la vida de San Antonio nos interroga a todos. ¿Hasta qué punto el cristiano de hoy siente esos deseos de anunciar a Cristo y dar la vida por Él?

El novelista francés Albert Camus escribió: "El papel de los cristianos es gritar, pero yo no les oigo”. Los cristianos deberíamos gritar más contra la mentira, la injusticia, el odio, la guerra, el hambre…y anunciar con más valentía a Cristo y su evangelio.

San Antonio y la naturaleza.

La llegada del fuerte calor del verano y su tiempo de vacaciones, suscita en muchos el deseo de buscar un lugar más fresco y tranquilo en la soledad de las montañas, junto a manantiales,  o a orillas de la playa.

Los eremitorios creados por san Francisco eran humildes  casas de retiro, aisladas del mundanal ruido, en la soledad de los montes, donde los frailes se dedicaban a la contemplación, al estudio y al trabajo manual. Fray Antonio fue destinado a vivir unos años en la soledad del eremitorio de Montepaolo Paulo, situado en las estribaciones de los Apeninos, frente a la llanura del Po. Allí vivían seis hermanos franciscanos según la “Regla para los eremitorios”, dictada por san Francisco en 1218, alternando la vida común con momentos largos de oración en plena soledad.

Antonio vivía en una pequeña celda, pero un día descubrió una gruta, abierta en la roca, y quedó entusiasmado. Estaba entre malezas y por una de sus grietas se contemplaba el azul del cielo. Este fue el lugar silencioso donde pasaba parte del día. La montaña, los valles, el bosque, las aves, las plantas y  los arroyos le llevaban a contemplar la grandeza del Creador. Así lo escribió en uno de sus sermones: “La obra del Señor es la creación, la cual lleva, a la que la contempla, al conocimiento de su Creador. Si tan grande es la hermosura de la criatura, ¿cuánto mejor no será la del Creador? “.

Dios está presente en la naturaleza.

No es exagerado afirmar que Dios se muestra en cada cosa que existe. Está presente en la naturaleza misma. El propio Catecismo de la Iglesia Católica reconoce (n. 2418) que “todo ensañamiento con cualquier criatura atenta contra la dignidad humana”. Así de claro. Es necesario que mostremos un sano respeto hacia los vegetales y los animales, lo cual no implica no manipularlos, pero sí, intervenir en ellos, para ayudar al desarrollo mismo de la naturaleza, en la línea de la creación llevada  a cabo por Dios (Laudato Si, nn. 112 y 132).

San Antonio y su amor a Cristo.

Se celebra en este mes de julio en Cracovia, la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia.  Más de 30.000 jóvenes españoles participarán en este encuentro para renovar su fe en Cristo. San Antonio también fue un joven portugués, enamorado de todo lo bello y noble que hay en la vida. Pero el amor que llenó plenamente de gozo su corazón fue la persona de Jesucristo, por quien lo dejó todo y gastó su vida en el anuncio del Evangelio.

En uno de sus sermones san Antonio comparaba a Jesucristo con el sol. Y decía:

El sol es Jesucristo…En comparación con su luz, toda luz es tinieblas…Jesucristo fue sol brillante en su nacimiento, sol caliente por la predicación, sol ardiente por los milagros en que apareció como verdadero Dios; sol poniente en su pasión, cuando cayó muerto como un toro inmolado al Padre”… (Sermón 1607)

Está comprobado que donde hay sol, hay luz, calor, alegría y felicidad. El ejemplo de san Antonio enamorado de Cristo, nos invita hoy a preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa Cristo en tu vida? Se nota por sus efectos. ¿Estás radiante de gozo o abunda la tristeza? ¿Te sientes la persona más feliz del mundo o estás llena de preocupaciones? La mística española santa Teresa de Jesús decía: “Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”.

San Antonio con el Niño y el pan.

El célebre escultor aragonés Félix Enrique Pueyo Marco, autor de numerosas esculturas religiosas, realizó el año 1947 una imagen de San Antonio de Padua, que se venera en la entrada a la portería de la popular iglesia de los italianos de Zaragoza, dedicada a este gran Santo, en el barrio de Torrero.

Es una talla de madera de ciprés, de 0´90 cm de alto por 0¨25 cm de ancho. Aparece en ella san Antonio con su vestido franciscano, llevando en su brazo izquierdo la imagen del Niño Jesús, pegado a su cara, y al mismo tiempo, extiende al público el brazo derecho, en una actitud de dar a todos, pero especialmente a los pobres, un pequeño pan.  La imagen  es muy venerada por los numerosos pobres que ponen sus ojos en este santo que tanto defendió y apoyó en su vida a los necesitados, como dice su popular Responsorio: “Los pobres van remediados, cuéntelo los socorridos”… Los pobres agradecen el sencillo pan de san Antonio que reciben en la portería, llenando de besos esta preciosa imagen del santo.

El escultor supo plasmar en esta talla los dos rasgos más esenciales de la vida de san Antonio: Su amor a Jesucristo y su amor a los pobres.

Fueron inseparables para él y tienen que serlo para todos los cristianos. No se puede de verdad amar a Dios sin amar a los demás. Por eso, predicaba san Antonio en uno de sus sermones:

- "El cielo sea para ti el pobre. Deposita en él tu tesoro para que tu corazón  esté allí siempre".

- "En vano extiende sus manos para pedir perdón a Dios, quien no las extiende para ayudar al pobre".

En este 13 de junio, fiesta de san Antonio, recordemos este mensaje que nos da a todos sus devotos. 

San Antonio, defensor de la Eucaristía.

El amor que san Antonio tenía por la Eucaristía, lo expresaba en sus predicaciones al pueblo cristiano. Decía en uno de sus sermones: En la eucaristía recibimos el pan que nos alimenta y conforta en nuestros trabajos; “es la cena o el banquete en que se nos da la carne de Cristo. En la casa de la Iglesia nos alimenta el Señor con el pan de su cuerpo”· (S 481)

Fue también san Antonio un gran defensor de la presencia real de Cristo Sacramentado.

En tiempos de nuestro Santo, en aquel lejano siglo XIII,  existían grupos de herejes que negaban la presencia real de Cristo en la eucaristía. San Antonio intentó con sólidos argumentos convencerles, pero ante las resistencias que tenían para aceptarlo, recurrió a ese milagro tan conocido de todos: La mula y la Custodia.

Los herejes hicieron el siguiente pacto con el Santo. Ellos se encargaron de presentar en la plaza pública una mula que llevaba dos días sin comer y san Antonio se presentaría con la Custodia del Santísimo Sacramento. Colocaron cerca del animal un cesto con pienso, pero con asombro de todos, la mula eligió postrarse a los pies de la Custodia, olvidándose del alimento de los herejes. De esta forma muchos creyeron en la presencia real de Jesús Sacramentado.

En tiempos de increencia religiosa como actualmente vivimos, seamos valientes defensores de la presencia real de Jesús eucarístico, a ejemplo de san Antonio.

San Antonio y la misericordia.

 En este año  del Jubileo de la Misericordia me viene a la memoria aquellas palabras de san Antonio en uno de sus sermones predicando a los fieles de la Misericordia del Padre. Dice textualmente:
 
“¡La misericordia del Señor es infinita! Su misericordia está en todas partes. Señor, si me retiras tu misericordia, caigo en la miseria eterna.
 
Tu misericordia es la columna del cielo y de la tierra; si la quitas, todo se derrumba. ¡Cuántas veces hemos pecado mortalmente con el alma o con el cuerpo, y no hemos sido ahogados por el demonio! Por la misericordia de Dios seguimos viviendo. Él espera nuestra conversión…Demos gracias al Padre misericordioso…Él no se olvida de tener misericordia…” (Sermón 1309-11)

Esto es lo que predicaba san Antonio en el siglo Xlll, pero más importante es ver que toda su vida estuvo repleta de obras de misericordia, perdonando a los pecadores y atendiendo a los pobres, enfermos y afligidos que encontraba en su camino. En nuestro tiempo, es el Papa Francisco quien nos invita a la misericordia con frases como estas:

 "El estilo de Dios no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar.  Él nunca se cansa de perdonar, pero nosotros a veces nos cansamos de pedir perdón… ¡No nos cansemos nunca! Él es un Padre amoroso que perdona siempre, que tiene un corazón de misericordia para todos nosotros. Y también nosotros aprendamos a ser misericordiosos con todos.”

Los gozos de San Antonio.

Una faceta de la piedad popular a San Antonio, además del conocido Responsorio,  son los “gozos de San Antonio”, sencillos poemas que resaltan lo milagroso de su vida, como el de predicador insigne, sanador de los enfermos y abogado de  objetos perdidos. Entre los muchos “gozos de san Antonio” sirva como ejemplo el siguiente de autor anónimo del s. XVII:

 - Pues vuestros santos favores dan de quién sois testimonio:

“Humilde y divino Antonio, rogad por los pecadores”.

Vuestra palabra divina

Año Lorenzano

Año Lorenzano

Nuestro hermano Mauro Jöhri acaba de enviarnos una carta, la última como ministro general de la Orden, sobre la figura de San Lorenzo de Brindis. Nos recuerda así que este año celebramos el cuarto centenario de su muerte. Por otro lado, el obispo de la Diócesis de Astorga, con motivo de este aniversario y la publicación de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Gaudete et Exsultate” sobre la Santidad, ha declarado el Año Diocesano de la Santidad.

Capacidad de asombro

Capacidad de asombro

Dice el autor de El Principito, que “no hay más que un problema, uno solo en el mundo: devolver a los hombres un sentido espiritual, inquietudes espirituales”.

Unos minutos con Jesús Mari Bezunartea, colaborador de la revista

Unos minutos con Jesús Mari Bezunartea, colaborador de la revista

Yo soy un fraile capuchino, sacerdote desde hace 51 años; han sido los dos ideales conscientes de mi vida desde que tuve uso de razón. Conocí a los Capuchinos cuando tenía 4 años y no quise saber de otra forma de vida que la que veía e intuía en los frailes que conocí desde esos años en el pueblo donde vivía –Isuerre, norte de Zaragoza-

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